IA Generativa y Promptogramas

Hace unos días escuché de nuevo el término promptografía, ese neologismo que pensaba que no triunfaría y que, sin embargo, parece haber nacido para quedarse. Procede de promptography, hibridación de prompt y -graphia: la instrucción textual que activa un sistema generativo y la vieja familia griega de la escritura, la inscripción o la representación. Hasta aquí, más de lo mismo. La cultura visual lleva dos siglos bautizando procedimientos con una mezcla variable de griego, latín, aparato técnico y entusiasmo profesional.

El problema empieza cuando el término pretende hablarnos de una fotografía que no es tal, pero que podría parecerlo. En inteligencia artificial generativa, un prompt introduce una instrucción en lenguaje natural que orienta un proceso de inferencia estadística. La salida puede ser una imagen, un texto, un audio, un vídeo o una combinación de todos ellos. La máquina no expone una superficie fotosensible al mundo; sintetiza una salida a partir de modelos entrenados sobre grandes colecciones de datos. La diferencia no es moral; es técnica. Y cuando una diferencia técnica se vuelve socialmente significativa, conviene no resolverla con un velo terminológico.

El episodio Eldagsen

El caso que popularizó la discusión fue el de Boris Eldagsen, fotógrafo y artista alemán que presentó Pseudomnesia: The Electrician a los Sony World Photography Awards de 2023 (imagen de portada). La imagen, generada con IA, ganó la categoría creativa del certamen; Eldagsen rechazó públicamente el premio y sostuvo que las imágenes generadas por IA y la fotografía no debían competir en la misma categoría. La cobertura de The Art Newspaper recogió el conflicto con precisión: la organización afirmaba haber conocido el componente de IA, mientras Eldagsen denunciaba la incapacidad institucional para distinguir entre imagen fotográfica e imagen generativa. Salon, por su parte, atribuyó a Christian Vinces la acuñación de promptography, término que Eldagsen adoptó para abrir el debate.

La frase que hizo fortuna, en versión breve, fue que la fotografía se hace con luz y la promptografía con instrucciones. Como consigna funciona; como taxonomía, empieza a cojear. Nombra el mecanismo inicial, pero no necesariamente el artefacto resultante. Describe el gesto de pedir, pero no el estatuto de la imagen. Identifica una práctica, pero no una clase estable de objeto visual. En esto el término tiene una virtud involuntaria: revela que seguimos pensando la imagen generativa desde la nostalgia de la fotografía.

La fotografía no es una textura

Una fotografía puede ser mala, manipulada, falsa en su intención, teatral en su puesta en escena o rigurosamente documental. Pero incluso en sus formas más truculentas conserva una relación material con un proceso fotográfico: luz, óptica, superficie sensible o sensor, cámara o dispositivo de captura. La etimología clásica remite a phos y graphe: escribir o dibujar con luz. Es una definición insuficiente si se toma como dogma, pero útil si se entiende como mínimo técnico.

El asunto no se resuelve diciendo que la IA produce imágenes “fotorrealistas”. Ese adjetivo ya presupone la distancia: algo se parece a una fotografía porque adopta sus convenciones visuales, sus encuadres, sus profundidades de campo, sus defectos aprendidos, sus gestos tonales y hasta la nostalgia del artefacto. El fotorrealismo describe una apariencia, no un origen. Una pintura hiperrealista puede parecer una fotografía sin convertirse en fotografía; una imagen sintética puede simular una placa húmeda de 1940 sin haber conocido ni una cámara ni un cuarto oscuro. Que el resultado nos engañe visualmente no obliga a la ontología a rendirse. Solo demuestra que la cultura visual es bastante crédula cuando le presentan una textura convincente.

Fotograma, rayograma, promptograma

Existe, sin embargo, una complicación necesaria: no toda fotografía requiere cámara. El fotograma, en su sentido histórico, designa imágenes obtenidas por contacto directo de objetos sobre una superficie fotosensible. El glosario técnico del MoMA lo define como resultado de colocar objetos sobre papel fotográfico no expuesto y someterlo a la luz; el museo recuerda también los rayogramas de Man Ray, realizados sin cámara mediante objetos sobre papel fotosensible. Por tanto, la cámara no agota lo fotográfico. Pero la luz y la superficie sensible siguen siendo algo más que decoración etimológica. Son el núcleo operacional del proceso.

Aquí aparece la utilidad de promptograma. Si promptografía designa una práctica o procedimiento, promptograma puede nombrar la unidad visual resultante: la imagen fija producida mediante instrucciones, modelo, parámetros, iteraciones, semillas, máscaras, inpainting, outpainting y todos esos rituales contemporáneos que convierten al creador en una mezcla de director artístico, operador de interfaz y anatomista forense. El sufijo -grama resulta pertinente porque remite al registro o unidad inscrita, como en fotograma, electrocardiograma o telegrama.

La distinción es simple y útil: promptografía sería el campo de prácticas generativas basadas en instrucciones; promptograma, la imagen fija producida por ese proceso. No pretende fundar una academia del promptograma, sino separar proceso y resultado. En una cultura visual saturada de términos imprecisos, esa separación ya es pequeño paso.

Sintografía y postfotografía

No faltan alternativas. Elke Reinhuber ha defendido en Philosophy of Photography el término synthography para las imágenes fotorrealistas creadas sintéticamente, precisamente porque no proceden de medios ópticos. La ventaja de “sintografía” es que desplaza el foco desde la instrucción hacia la síntesis, que quizá describe mejor el corazón técnico de estos sistemas. La desventaja es que puede diluir la dimensión operativa del prompt, que no es toda la técnica, pero sí una parte visible de la práctica.

También podríamos alojar el fenómeno bajo la postfotografía de Joan Fontcuberta, que lleva años pensando la mutación de lo fotográfico en el contexto de la circulación digital, la saturación visual y el desplazamiento de la autoría. En Por um manifesto pós-fotográfico, el debate se organiza alrededor de la revolución postfotográfica y de la transformación de los usos sociales de la imagen. La lectura crítica de Paula Velasco Padial sobre La furia de las imágenes subraya esa superabundancia visual, esa sociabilidad digital y esa crisis de la antigua autoridad documental. La IA generativa cabe ahí, sin duda. Quizá cabe demasiado bien.

La postfotografía es una categoría amplia, histórica y culturalmente fértil. Pero por eso mismo no siempre basta. Sirve para entender una transformación de régimen visual; no siempre sirve para nombrar con precisión una imagen concreta producida por un sistema generativo. Sintografía nombra la síntesis. Promptografía nombra la práctica. Promptograma nombra el objeto.

El fotocentrismo como pereza conceptual

El riesgo principal de llamar fotografía a toda imagen que parezca fotográfica es caer en un «fotocentrismo» cómodo. La fotografía ha sido el gran régimen de credulidad de la modernidad visual; por eso seguimos acudiendo a ella cuando aparece una imagen sintética que nos llama la atención. Pero la IA generativa no solo produce imágenes fijas: produce voces, música, vídeo, texto, modelos tridimensionales, código y combinaciones de todo ello. Imagen no es sinónimo de fotografía. Una fotografía es un tipo de imagen; no todas las imágenes tienen un origen fotográfico.

Si reservamos toda la discusión para la fotografía, hacemos exactamente lo que solemos hacer con las tecnologías nuevas: reducirlas al medio anterior que más miedo nos da perder. La pregunta, por tanto, no es si la IA “mata” a la fotografía, la pregunta es si aceptamos que una imagen generativa requiere una descripción material propia.

Esta diferencia importa en concursos, archivos, museos, prensa y patrimonio. No porque una imagen hecha con IA sea inferior, sino porque su categoría de producción, verificabilidad y responsabilidad es distinta. El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, en su artículo 50 y en las guías de transparencia publicadas por la Comisión Europea, insiste en las obligaciones de informar cuando un contenido es sintético o ha sido manipulado mediante IA. Los sistemas de procedencia como C2PA Content Credentials avanzan en la misma dirección: registrar si un contenido ha sido generado, capturado, editado o modificado. Mientras discutimos si “promptograma” suena elocuente, los marcos técnicos y jurídicos ya están organizando etiquetas menos líricas y bastante más operativas.

Una defensa provisional del promptograma

Propongo entonces una solución provisional: reservar promptografía al campo de prácticas basadas en instrucciones y promptograma a la imagen fija generada por IA cuando su origen principal sea un proceso generativo no fotográfico. La distinción no pretende legislar el arte, sino hacerlo discutible con cierta precisión. Si una obra combina captura fotográfica, edición digital e IA generativa, habrá que describir la mezcla. Si una imagen nace enteramente de un modelo, conviene indicarlo. Si un concurso es de fotografía, debería aclarar si premia procesos fotográficos, lenguajes fotográficos o meras apariencias fotográficas.

Porque no es lo mismo hacer una fotografía que producir una imagen que sabe comportarse como fotografía delante de un jurado vagamente instruido. Premiar una imagen que se parece a una fotografía no es necesariamente premiar una fotografía. En fotografía no se premia solo una apariencia; se premia también un régimen técnico de producción (el proceso), una relación con la captura y una responsabilidad frente a lo visible. Cuando esa relación desaparece, no desaparece la imagen, desaparece su condición fotográfica.

La ironía final es que el término más honesto quizá sea el menos heroico: “imagen generada por IA”. Es poco elocuente, pero eficaz. Ahora bien, las lenguas no viven solo de eficacia; también necesitan palabras que condensen disputas, genealogías y pequeñas vanidades del oficio. Promptograma puede servir precisamente por eso: porque reconoce el papel de la instrucción sin confundirlo con la luz, y porque permite hablar de una imagen sintética sin hacerla pasar por herencia directa de la cámara.

Al fin y al cabo, si algo nos enseña esta discusión es que las imágenes no solo se producen: también se clasifican, se legitiman y se pelean. Y en esa pelea, llamar a cada cosa por su proceso no es un capricho terminológico, es una forma mínima de higiene profesional.

Fuentes y lecturas citadas

  1. Doton, Lily. “It’s going to destroy jobs: When an AI image won a photo contest, its human refused the award”. Salon, 22 de abril de 2023.
  2. Seymour, Tom. “The camera never lies? Creator of AI image rejects prestigious photo award”. The Art Newspaper, 18 de abril de 2023.
  3. Reinhuber, Elke. “Synthography: A term for synthetically created photo-realistic images”. Philosophy of Photography, vol. 15, núm. 1-2, 2024.
  4. MoMA. “Materials: Glossary”, entrada “photogram”.
  5. MoMA. “Man Ray (Emmanuel Radnitzky). Rayograph. 1923”.
  6. Pereira, Gabriel; Fontcuberta, Joan. “Por um manifesto pós-fotográfico”. Studium, núm. 36, 2014.
  7. Velasco Padial, Paula. “Joan Fontcuberta. La furia de las imágenes. Notas sobre la postfotografía”. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, 2017.
  8. Comisión Europea. “Guidelines on transparency obligations for providers and deployers of certain AI systems”, 2026.
  9. C2PA. “A New Implementation Guide for Content Credentials”, 31 de julio de 2026.
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