Tras la marca post-comunista, estructuras industriales decadentes y sobrios edificios de líneas puras. Se esconde un paisaje natural y una gente que sorprende gratamente. Las tenebrosas leyendas de vampiros parecen una cruel broma de la literatura a este idílico territorio y sus gentes, aunque una vez inmenso en sus masas forestales, brumas y anocheceres, por veces uno parece entender a las gentes que dieron origen a estas historias.
No menos impresionante que el paisaje es el trato de sus habitantes con los cuales convivimos y compartimos cenas con platos a la altura de las circunstancias.
Rumania, entre abetos y factorias
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